Lo que no se ve en el taller

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Itsaso Usobiaga, coordinador de los Responsables de Despliegue de Oferta (RDO) de Euromaster, nos cuenta los entresijos del taller.
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Vehículos, maquinaria, personal. Un vistazo al “escenario” de un taller nos deja una escena que millones de conductores en España conocen de sobra de cada visita que realizan, pero ¿eso es todo? En realidad, solo se ve la punta del iceberg. Hay toda una trastienda que la mayoría desconoce y que conviene transmitir para poner en valor el trabajo, la dedicación y la profesionalidad de sus personas, tal como nos cuenta Itsaso Usobiaga, coordinador de los Responsables de Despliegue de Oferta (RDO) de Euromaster.

La organización del trabajo

Llamada, cita, visita y recogida. Parece fácil, pero no lo es. “Si bien en labores de mantenimiento es más fácil estimar los tiempos medios de reparación, en una avería es mucho más complicado y, con los vehículos actuales, con una alta carga tecnológica y con fácil 20 centralitas recibiendo y enviando datos por medio de fibra, aún más complejo”, comenta Itsaso.

Hay toda una labor detectivesca para dar con las averías y no es fácil estimar los tiempos. Además, existe la falsa creencia de que las máquinas de diagnosis sirven para decir cuál es el problema, cuando en realidad lo que dan son pistas. Es, por tanto, una labor delicada para el profesional del taller, muchas horas de dedicación e investigación, que -en muchos casos- no se cobran además.

No sin olvidar que no todos los talleres poseen una máquina de diagnosis, que puede suponer una inversión de 4.000 euros por unidad y que requieren actualizaciones constantes, más el coste por cada vez que se utiliza o un canon anual que puede rondar los 1.000 euros. Y es que la dedicación del profesional no solo requiere tiempo, también de herramientas para su trabajo. Y no es tan asequible hacerse con ellas.

Herramientas

Un taller, solo en manómetros de presión, requiere como mínimo cinco unidades. Y cada uno cuesta 120 euros. Es una de tantas herramientas para poder trabajar en el vehículo y que son básicas para dar el servicio al cliente.

O una máquina para alinear coches, con un coste de 30.000 euros solo para ajustar la dirección. Hay todo un utillaje básico dentro de un taller, que debe cumplir unos estándares y normas, trámites que incrementan los costes un 30%. E irá a más. “Solo con los sistemas ADAS, se requerirán máquinas especiales para ajustar sensores y radares. Y ello implicará soltar fácilmente hasta 20.000 euros”, añade el responsable.

Personas

Tampoco es tan fácil encontrar profesionales. Las personas son básicas en un taller (“Somos una gran familia” apostilla Itsaso Usobiaga), por muy digitalizado que esté. Es un negocio de hombres y mujeres que prestan servicio a otros hombres y mujeres, pero no es fácil encontrar personal.

Falta cantera y más vocaciones, pues cada vez resulta más complicado encontrar mecánicos, y no solo para vehículo ligero, sino también para vehículo industrial. ¿Puede ser una opción traerlos de fuera? “En Sudamérica hay buenos mecánicos, pero también muchas diferencias, como un parque apenas dieselizado, medidas distintas para los neumáticos, etc.”, comenta. Y todo ello ocurre en un país con un parque de más de 26 millones de turismos, 4×4 y comerciales ligeros y medios.

Dada la velocidad a la que cambia la tecnología en la automoción, para los talleres es de vital importancia que todos sus mecánicos reciban una formación continua a lo largo de su carrera profesional. Esto conlleva un coste muy importante, a lo que hay que añadir la ausencia de estos profesionales durante sus horas formativas.

De este modo, la entrega de un vehículo al cliente no es más que el final de un largo proceso para el taller. Un proceso que se hace con esmero, dedicación, profesionalidad e inversión. No hay nada mágico en un taller. Solo trabajo.

¿Está valorada socialmente la labor de estas personas? ¿Saben los conductores todo lo que hay detrás? Que no se quede en la simple etiqueta de ‘esencial’ que nos pusieron cuando el confinamiento”, concluye Itsaso Usobiaga.

Y lo que falta: tecnología híbrida y movilidad eléctrica y con ellas toda una nueva normativa, maquinaria, formación, herramientas y complejidades en el diagnóstico de las averías. La rueda sigue…

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