Día Mundial Sin Coches: Sostenibilidad sin demonizar industrias

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La concienciación sobre el medio ambiente y los perjuicios al automóvil.
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El 22 de septiembre se celebra el Día Mundial sin Coche y en las ciudades se suelen preparar para ello zonas restringidas al tráfico que, al menos por unas horas, son reconquistadas por los peatones, ciclistas o conductores de vehículos ligeros de tecnologías libres de emisiones nocivas, creándose estampas de uso lúdico de calzadas por donde habitualmente circulan, en su mayoría, los vehículos de combustión.

Mensajes

En esta fecha, los medios de comunicación de masas inciden en el uso responsable del automóvil en favor del planeta, y desde colectivos, instituciones y empresas se anima al empleo alternativas más ecológicas, haciéndose eco también de los llamamientos a abandonar el uso de los vehículos por parte de activistas, más o menos razonables, que esgrimen la bandera de la ecología citando datos como las emisiones del tráfico rodado en las ciudades (donde vive una quinta parte de la población mundial y cuyos moradores son responsables de casi el 80% de consumo de energía y más del 75% de los recursos naturales).

Esto es así, especialmente las grandes urbes como Madrid, donde, según el ‘Inventario de emisiones de contaminantes a la atmósfera’, ese tráfico supone el 46,9 % de las emisiones de óxido de nitrógeno, por encima de los ciclos de aterrizaje y despegue del aeropuerto de Barajas (25,5%) o los sistemas de climatización no industrial (18,1%).

Por su parte, las Administraciones se llenan la boca mostrando la promoción de nuevos espacios verdes, la reducción de emisiones urbanas logradas en virtud de las consecutivas restricciones de velocidad, la creación de las ZBE (Zonas de Bajas Emisiones) o la incorporación de nuevas señalizaciones urbanas de redefinición del tráfico urbano. Todo ello, en virtud de una ciudad más habitable y acogedora, eco sostenible y armoniosa.

Menos se habla de la cara oculta de todas estas cuestiones, que serían los intereses económicos o políticos (que son económicos también, no nos engañemos), una deficiente red de transporte público, una falta de infraestructura de recarga de las realidades energéticas ‘verdes’, un galimatías de dibujos, colores, obstáculos, y caos por las obras para la consecución de los nuevos espacios, que hacen de la movilidad urbana una condena, la desinformación y menosprecio sobre otras posibilidades energéticas que no sean las propulsiones eléctricas (casi no se oye hablar de los vehículos a gas, de la transformación posible en los vehículos de una propulsión a otra) y, desde luego, no se es justo al no valorar esfuerzos de la industria hacia la reducción de emisiones y la descarbonización ordenada siguiendo las directrices europeas, muy exigentes (los constructores de automóviles -y por tanto los fabricantes de componentes- deben reducir las emisiones de CO₂ de sus coches nuevos y furgonetas en un 55% a partir de 2030 con respecto a los niveles de 2021) ya que en en 2035 ya no se podrán vender motores que tengan emisiones de CO₂.

Tampoco se escucha sobre el perjuicio causado a una industria, la del automóvil, que mueve una nada desdeñable cuota del 11% del PIB sumando todas las aportaciones de los distintos agentes de la cadena de valor, que suponen (resumiendo mucho) 17 fábricas de automóviles, 15 centros tecnológicos, 1.000 empresas fabricantes de equipos y componentes, más de 3.200 puntos de venta de recambios del automóvil, y casi 40.000 talleres.

Cambios

Que sólo tenemos un planeta es innegable, que estamos inmersos en un cambio climático también se hace evidente y que se le debe dar una vuelta al paso del hombre por la Tierra para no acabar de destrozarla, también.

Pero resulta algo hipócrita vestirse de ‘verde’ cuando las decisiones con ese objetivo traen como consecuencia, si se estudia en profundidad, otras problemáticas iguales o peores en términos de sostenibilidad (además, fabricar vehículos eléctricos ni es tan verde como se cree ni tan sostenible, más cuando hay un verdadero drama con las materias primas y los desequilibrios socioeconómicos derivados de los monopolios de esas materias). Tampoco se puede menospreciar el mal causado a las empresas involucradas en la actual industria del automóvil por la toma de decisiones que, en el largo plazo, son positivas, (ya que buscan preservar el planeta), pero que a corto resultan (siendo generosos) ‘buenistas’ y causan perjuicio a todo un tejido económico que está luchando por evolucionar (los fabricantes de componentes, aglutinados en SERNAUTO invierten más de 1.000 millones de Euros anuales en I+D+i, por ejemplo).

Ayudas

Hay que admitir que hay una serie de apoyos económicos (los fondos europeos) para ello, pero quizá no llegan a todos los implicados ni de forma ágil, cuando el mal causado se está sufriendo ya: como ejemplo, resultan controvertidas las ZBE de que hablábamos antes. Justamente en Madrid, acaba de publicarse la ordenanza de Movilidad Sostenible con la redenominación de ‘Madrid Central’ a ‘Zona de Bajas Emisiones de Especial Protección Distrito Centro’ (y ASETRA se halla en plena campaña de recogida de opiniones acerca de las dificultades que crea a los talleres), unas zonas que están vigentes también en Barcelona, y son muy protestadas por el Gremi de Talleres de Reparación de Automóviles.

Tampoco se trata de que haya una ‘nodriza’ permanente pero sí que, como los cambios de ciclo son complicados, se vele por los intereses de las empresas que han tributado y mucho a lo largo de los años (el automóvil siempre ha sido una fuente de ingresos segura); siguen tributando hoy, y mañana, y pasado mañana. Empresas de todo tamaño que invierten y que mejoran, porque no es que la industria esté de brazos cruzados protestando. Se adapta continuamente a las nuevas tendencias tecnológicas, a lo largo de toda la cadena de valor: fabricantes de componentes, constructores de automóviles, distribución de componentes, reparación de vehículos.

En un movimiento como el que vivimos siempre hay sectores afectados, y a nadie le gusta estar en el lado desfavorecido de la realidad, pero si las Administraciones son las que deben conducir a los ciudadanos al bienestar y prosperidad, no se pueden obviar los escollos que existen en ese avance; deben estar a la escucha, buscar medidas de soporte, canalizarlas convenientemente, sin demonizar a una industria que fue, que aún es y que esperemos que siga siendo (si la dejan), motor de prosperidad.

Y si no lo hacen, penalizar a esas Administraciones, que el sistema lo permite.

Un apunte de las entidades sobre este día

Celso Besolí, presidente de FECATRA, la federación de asociaciones de talleres de reparación de vehículos de Catalunya, nos ofrece su reflexión sobre esta celebración: “Tomar conciencia del correcto uso que debe darse al vehículo automóvil, en tanto que medio de transporte, es el objetivo del Día Mundial Sin Coches desde su origen.

Este 2021 el lema europeo es el de Movilidad sostenible, saludable y segura’.

Sin duda es coherente sensibilizar a la ciudadanía en el uso responsable del vehículo y las consecuencias negativas de su uso irracional. Evitar desplazamientos cortos, cuando no son necesarios, por ejemplo, es un mensaje concienciador de ese buen uso.

Sin embargo, cuando este objetivo se tergiversa presentando al coche como el mayor, y casi único, causante de los problemas medioambientales de las ciudades, es cuando se pierde su significado presentando al vehículo como el enemigo al que hay que combatir, perseguir y prohibir.

Lamentablemente nuestra Administración ha puesto en su punto de mira la movilidad privada, interviniendo el mercado y promoviendo una renovación forzada hacia un parque automovilístico electrificado.

Y nos preguntamos, ¿no sería más coherente velar porque los vehículos que circulan por nuestras ciudades lo hagan en condiciones técnicas óptimas?, ¿contemplar, como existe en otros países, la posibilidad de transformar los coches con tecnologías más eficientes? y que, en último término, sea la oferta y la demanda la que marque la evolución del parque.

Desde FECATRA entendemos que el verdadero debate no es tan simple como el binomio coches-contaminación. Sería más que deseable aprovechar el contexto del día mundial sin coches para introducir en el debate otros problemas muy relacionados frente a los que se espera que las administraciones, promotoras de la movilidad sostenible, actúen.

Nos referimos por ejemplo a:

  1. La deficiencia sistemática de infraestructuras para un transporte público accesible y efectivo
  2. La convivencia con las nuevas ofertas de sharing tanto desde el aspecto de la seguridad física y jurídica (patinetes) como de su impacto en el espacio público que ocupan
  3. El problema de acceso a la vivienda que hace lustros viene haciendo muy difícil residir cerca de donde se trabaja, especialmente en grandes ciudades
  4. La sostenibilidad e impacto medioambiental de otros medios de transporte contaminantes como los aviones y barcos que, en el caso de Barcelona, afectan de forma relevante.

Si el Pacto Verde Europeo recoge, como requisito para crear un mercado sostenible, la reparabilidad, transparencia, el intercambio de información y un uso más eficaz de los recursos, ¿cómo se incluye este principio en las políticas de nuestra administración?, y es que, aunque pueda pensarse lo contrario, el problema de la posventa nunca ha sido la evolución de la tecnología en la automoción (que ha tenido varias), sino su cautividad; es decir, que se limite interesadamente el conocimiento, la formación y la capacidad la reparación y el mantenimiento del automóvil como producto industrial, bien de consumo y de naturaleza duradera que es.

En definitiva, estamos alineados con el objetivo original del Día Mundial Sin Coches, pero no con el uso partidista que algunos hacen del mismo”.

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